Había quedado con una amiga para pasar la tarde en Barcelona. Como llevaba varias semanas sin ir a Barcelona tuve miedo a la ansiedad que me provoca ir en un transporte subterráneo. Habitualmente suelo bajar a Barcelona y meterme en un subterráneo unas tres veces por semana, por lo que al hacerlo de una forma habitual la ansiedad es menor.
Cojo un autobús hasta la parada de los ferrocarriles, en el bus no hago más que pensar en la ansiedad que me provoca bajar a Barcelona y meterme en un subterráneo. Bajo a la estación por las escaleras mecánicas y siento miedo a desmayarme en ellas. Una vez dentro de la estación de ferrocarriles, veo que llega en 10 minutos, en ese momento empiezo a sentirme mareada, con ganas de salir corriendo de allí.
Cuando llega el ferrocarril lo veo cubierto de manchas amarillas (las manchas amarillas suelo verlas en invierno, cuando me siento agotada psicológica o físicamente o cuando estoy con mucha ansiedad(ya sé que es una alucinación visual), como era en este caso.
Me subo, me siento, no sé donde apoyar mi brazo izquierdo. Me acuerdo de accidentes ferroviarios y siento que nos vamos a chocar. Estoy convencida de que en cualquier momento me desmayaré, -menudo espectáculo voy a dar-. ¡Fuego, fuego!, en cualquier momento se prenderá fuego en el vagón y nos pillará dentro del túnel, con el ferrocarril inmovilizado. Menos mal que una parte del recorrido lo hace por el exterior…
Llegué, mi amiga está. Nos vamos a un bar cercano, charlamos, reímos y nos emocionamos juntas. Me acompaña a la estación, nos despedimos con un abrazo y con la promesa de volver a vernos.
Entro en la estación y vuelta a empezar con la ansiedad, hasta que llego a mi destino. Esta es mi habitualidad cuando me subo a un tren o a un metro. Lo que me da más miedo, es tenerle miedo al miedo, y dejar de hacer aquello que quiero, por miedo a sentir ansiedad.
Rosa Garcia, alias Chica Asteri.


