Cuando empecé a participar en charlas acerca de los abusos sexuales en la infancia llegó un momento en que pensé que antes o después, llegaría a oídos de mi hermano que yo había sufrido abusos sexuales por parte de un familiar cercano. Por lo que decidí que lo mejor era llamarle por teléfono y contárselo yo misma. Me sorprendió agradablemente que me creyera, a pesar de que nunca lo había sospechado.
Varios días después me llamó para vernos personalmente. Me contó que él nunca lo supo. Me contó que una vez que iban mi madre y él solos en el coche, mi madre de repente le dijo “es que el Angel toca a la Mari”, que en el aquél momento no le dió mayor importancia a la palabra “toca”, puesto que no pensó que se trataba de abusos y como estaba conduciendo no reparó en el verdadero sentido de lo que mi madre le acababa de expresar.
Interiormente siempre supe que mi madre lo sabía, recuerdo oír sus pasos mientras mi primo me abusaba en mi propia casa. Recuerdo que mi madre me decía una y otra vez que tuviera cuidado con los hombres que lo único que querían era “follarte”, ¿qué madre le dice eso a su hija de 8 años?. Existía la posibilidad de que no lo supiera, puesto que yo nunca se lo dije verbalmente. Me dolió confirmar lo que interiormente ya sabía.
P.D. Puedo decir el nombre y la relación familiar con mi abusador públicamente, porque con anterioridad, fui a una comisaría y puse la correspondiente denuncia por el daño causado.
Rosa Garcia, alias Chica Asteri.



