Mi día no empieza a la hora de despertarme, a las 8, a las 9, o la hora que sea, empieza durante el sueño, con las pesadillas, con el despertar constantemente. O, a veces, me cuesta dormir, para luego, pasar el día dormido, o al menos una parte importante. Dormir me hace sentir bien por una parte, porqué no siento nada, pero por otra, me da rabia tener tanto sueño y malgastar el tiempo así.
Mi día a día es monótono, y los cambios me provocan alerta, miedo, o no saber cómo coger ese cambio, o las tres a la vez. Me cuesta adaptarme a los sitios, a nuevas situaciones, aunque a veces sean buenas para mí, pero la monotonía del “estar mal” se ha hecho algo así cómo crónico.
Los días pasan, pero mi actividad, o mi hacer es poco, y eso me hace sentir mal, porque quiero, pero no puedo. Quiero hacer, pero me frena la depresión, el TOC, y la ansiedad, un pack que es duro de llevar y que cuándo aprieta lo hace fuerte.
Dentro de esto, de lo malo, hay cosas a las que me aferro, familia, pareja, música, mi perrita o algún ocasional paseo que me hace distraerme dentro de mi mundo. Intento darle fuerza a esas pinceladas de bienestar y contrarrestar lo malo, el estar mal/triste. Y darle la vuelta a la tortilla, para intentar llevar una vida sana emocionalmente, donde el bienestar sea lo primordial. No grandes metas, si no donde la meta sea hacer sea poco o mucho pero sentirme bien y útil, esa es mi victoria, y la derrota de la depresión y demás.
Xexi L.


