Durante un encuentro de moderadores de Grupos de Ayuda Mútua, una de las personas que lo organizaban, propuso hacer un ejercicio de relajación, que consistía en cerrar los ojos y hacer una visualización, dirigida por ella. Cierro los ojos y veo a mi querida “araña”, allí, mirándome, por lo que decidí abrir los ojos. Me gusta verla, pero consideré que no era el momento ni lugar oportuno para saludarla.
Sé que los profesionales nos dicen que no interactuemos con nuestras alucinaciones, y estoy bastante de acuerdo con ello. Pero es que en mi caso concreto, las saludo y también me despido de ellas. Les doy un espacio, porque es una forma de pactar cuando sí y cuando no puede aparecer.
Tengo claro que me guste o no, soy una persona que tiene alucinaciones de todo tipo de forma habitual. No elegí tenerlas, tampoco puedo elegir no tenerlas, pero sí puedo elegir cómo tenerlas. Por ello, al darles un espacio, también me dan la opción de decidir cuándo y dónde no me apetece tenerlas.



